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Traumatología Ortopédica
Traumatología ortopédica - Lesiones comunes en la pierna


Fractura del hueso del muslo (fémur)

El hueso del muslo (fémur) es el hueso más largo y más fuerte del cuerpo. Para poder quebrarlo en su longitud (diáfisis), es necesario ejercer muchísima fuerza, como puede ocurrir en un accidente automovilístico o al caerse desde alturas considerables. Por esta razón, la fractura del hueso del muslo a menudo se asocia a lesiones con potencial riesgo de vida en otros sistemas del cuerpo. En los niños menores de 3 años de edad, la fractura del hueso del muslo generalmente es un indicador de abuso.

Diagnóstico

La fractura del hueso del muslo generalmente resulta obvia, aún cuando el hueso no atraviesa la piel. Dolor intenso, imposibilidad de mover la pierna, deformidad e inflamación son algunos de sus síntomas característicos. El muslo lesionado puede resultar más corto que el sano ya que los músculos fuertes del muslo pueden provocar la desviación de los fragmentos óseos (desplazamiento). La lesión puede interrumpir el flujo normal de sangre a los músculos del muslo y dar origen a una gran cantidad de magulladuras y pérdida de sangre.

Si la fractura es el resultado de un traumatismo de alto impacto como un accidente automovilístico, el paciente puede no estar conciente y presentar otras lesiones. Es importante que el personal de emergencias médicas atienda la lesión y traslade al individuo a un hospital. El médico deberá examinar la lesión y evaluar el sistema circulatorio y el nervioso, así como analizar la fractura. Se requieren varias radiografías, incluyendo pierna, rodilla, cadera y pelvis, para determinar la extensión de la lesión hacia las articulaciones adyacentes.

Tratamiento

Al igual que con todos los huesos fracturados, en el caso de la fractura del hueso del muslo, será necesario "reducir" la fractura o corregir la desviación e inmovilizar el hueso hasta que sane. Se pueden utilizar diversos métodos, dependiendo del grado de madurez esquelética del paciente, la magnitud del desplazamiento, el tipo de fractura, y la presencia de lesiones relacionadas. Si su hijo sufrió la fractura del hueso del muslo, consulte con su cirujano ortopédico cuál es la opción que le recomienda y por qué.

  • Tracción. La tracción es el método tradicional para tratar las fracturas del hueso del muslo. La pierna se coloca en un yeso con cinta adhesiva (tracción cutánea) o se utiliza un clavo metálico (tracción esquelética) para sujetar una serie de cordones que se conectan a pesos. Se emplean rayos X para monitorear la posición del hueso de manera que se pueda ajustar la tracción. A pesar de que la tracción es efectiva, demanda un largo período de hospitalización. Debido a que las investigaciones confirmaron la importancia de la movilidad temprana para reducir las complicaciones y promover la curación, ahora existen otros métodos de fijación más populares que la tracción.
  • Enyesado. Los niños muy pequeños (menores de 8 años de edad, dependiendo de su tamaño y peso) que sufren una fractura aislada hasta la diáfisis del hueso del muslo pueden ser tratados mediante la técnica de enyesado. Se puede usar un yeso en espiga, que se extiende hasta las caderas e incluye la otra pierna. Un niño con un yeso en espiga puede ser atendido en su casa.
  • Placa. En algunos casos, el cirujano puede aplicar una placa metálica en el lateral del hueso del muslo a lo largo de la fractura. La placa se sujeta con clavijas. La placa ayuda a soportar el peso y facilita la movilización temprana. Sin embargo, la placa también protege al hueso de la sobrecarga, lo que no necesariamente resulta positivo. Debido a que es necesario ejercer un cierto grado de carga sobre el hueso para reforzarlo a medida que sana, esta capacidad de evitar la sobrecarga sobre el hueso puede provocar una debilidad residual. Esto generalmente desaparece cuando el paciente retoma sus actividades normales. No obstante, preocupa el hecho de que cuando se retire la placa, el hueso todavía débil se vuelva a fracturar, aunque esta situación no es muy frecuente. La fijación a través de una placa y clavijas resulta ideal para aquellos pacientes con placas de crecimiento abierto o una lesión en el nervio.
  • Fijación externa. Si bien no es normalmente utilizada para tratar las fracturas del hueso del muslo, la fijación externa es útil cuando hay varias lesiones en el tejido blando que acompañan a la fractura. Una estructura alrededor de la pierna se ajusta al hueso utilizando clavos. Esta técnica presenta como ventaja la movilización temprana, aunque es muy difícil cuidar de las inserciones de los clavos y a menudo se registran infecciones. No obstante, la fijación externa puede resultar apropiada para los niños con placas de crecimiento abierto y los pacientes con heridas contaminadas.
  • Fijación interna intramedular. En general, la fijación interna intramedular (colocación de una varilla dentro del hueso) es recomendable para aquellas personas que han alcanzado la madurez esquelética. El hueso del muslo es como un tubo, con un centro blando rodeado de hueso duro (cortical). Durante un procedimiento quirúrgico, se inserta una varilla especial (clavo intramedular) en el hueso del muslo. La inserción se puede realizar cerca de la cadera o justo encima de la rodilla. La varilla se extiende hasta la mitad del hueso y cruza el lugar de la fractura. Se sujeta con clavijas que atraviesan el hueso y la varilla. Esto posibilita el temprano movimiento y una buena estabilización de la fractura. Cuando la fractura sana, se retira el clavo.

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Fracturas del hueso inferior de la pierna (tibia)

La fractura del hueso inferior de la pierna (tibia) es el tipo de lesión más común en los huesos largos. Se pueden producir diversas clases de fracturas que van desde las fisuras por sobrecarga, muy comunes en los corredores, hasta las fracturas abiertas graves (donde se agrieta la piel) que son producto de los choques automovilísticos.

Fracturas en niños pequeños

Un niño pequeño (de entre 1 y 3 años de edad) puede fracturarse el hueso inferior de su pierna cuando se tropieza con un juguete o se cae de las escaleras mientras está aprendiendo a caminar. Generalmente, estas fracturas no agrietan la piel y el hueso no se desvía demasiado. El niño sentirá dolor intenso y posiblemente haya inflamación. El niño puede negarse a levantarse y volver a caminar. El área de la fractura puede ser muy frágil.

Quizás resulte difícil ver este tipo de fracturas en una radiografía y su médico puede solicitar un escáner óseo para verificar el diagnóstico. Estas fracturas se curan rápido y se pueden tratar con un yeso corto en la pierna que soporte el peso.

Fracturas en las placas de crecimiento

Las fracturas en las placas de crecimiento son más comunes en los niños de mayor edad y en los adolescentes. Estas lesiones afectan las áreas cercanas a las extremidades de los huesos en el tobillo o la rodilla. Los huesos no crecen desde el centro hacia afuera sino desde estas áreas conocidas como placas de crecimiento. Una fractura puede interrumpir el desarrollo óseo y provocar la desigualdad en la longitud de las extremidades.

Las fracturas en las placas de crecimiento deben ser identificadas de inmediato y controladas cuidadosamente hasta que el niño alcance la madurez esquelética para verificar que no se haya acortado la extremidad. El cirujano ortopédico puede necesitar emplear dispositivos de fijación interna, tales como las clavijas o los clavos, para estabilizar el hueso.

Fracturas por estrés

Las fracturas por sobrecarga son lesiones provocadas por la sobreexigencia que se producen cuando los músculos fatigados ya no pueden absorber el impacto y transferir la carga al hueso. Más del 50 por ciento de todas las fracturas por sobrecarga afectan a la parte inferior de la pierna. Las fracturas por sobrecarga se pueden desarrollar en forma gradual y manifestar dolor e inflamación durante la actividad. El tratamiento más importante para las fracturas por sobrecarga es el reposo. Las fracturas por sobrecarga demoran entre 6 y 8 semanas para curarse. Durante ese período, el individuo no debe participar de la actividad que provocó la fractura, pero puede realizar otras actividades que no le causen dolor.

Fracturas cerradas

En una fractura cerrada, la piel no se agrieta. Las fracturas cerradas se pueden clasificar de diversas maneras, dependiendo de la intensidad de la lesión, la estabilidad del hueso, y el tipo y ubicación de la fractura. El mecanismo de la lesión, como un golpe directo al hueso o una lesión indirecta por torcedura, también puede dañar el tejido blando.

Muchas fracturas cerradas estables se pueden corregir sin cirugía al inmovilizarlas en un yeso y luego fijarlas por medio de una estructura ortopédica para fracturas hasta que se complete la curación. Sin embargo, si hay lesiones graves en el tejido blando o si la fractura es extremadamente inestable, es posible que el cirujano ortopédico no pueda manipular el hueso para corregir su desviación y sea necesario un tratamiento quirúrgico. Además, el tratamiento quirúrgico puede resultar necesario en caso de que el hueso se fragmente en 3 o más partes.

Fracturas abiertas

Debido a que la tibia está tan cerca de la superficie cutánea, es posible que una fuerza directa de alto impacto haga que el hueso atraviese la piel provocando una fractura abierta. Todas las fracturas abiertas presentan un riesgo mayor de infección y requieren de la exploración y el tratamiento de tipo quirúrgico. Además, las fracturas abiertas generalmente se asocian a traumatismos en otras partes del cuerpo.

La utilización de clavos entrelazados de diámetro pequeño para estabilizar la fractura puede reducir la deformidad, mejorar el funcionamiento de las extremidades, y acortar el período de curación. Los fijadores externos, como las estructuras alrededor de la pierna, también pueden ser utilizados para tratar fracturas más graves y contaminadas, a pesar de que estas últimas presentan porcentajes más altos de infección, desviación o imposibilidad de unirse. En los casos más graves, es posible que se necesite practicar una amputación.

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